Lo mejor: Cuando vale la pena volver a dudar
Dra. Sofia Ambrosetto
Hay momentos o temporadas en que la literatura que compete al segmento anterior parece repetirse —otra variación sobre el mismo LIO, otra curva de aprendizaje ya conocida— y luego hay ventanas de pocas semanas donde de repente varios grupos, sin coordinarse, sin siquiera conocerse y estando en puntos remotos del planeta empiezan a cuestionar supuestos que ya dábamos por cerrados y verdades absolutas.
La cosecha de este trimestre pertenece a esta segunda categoría. No trae un fármaco milagroso ni una tecnología que reemplace al facoemulsificador, tampoco técnicas o equipos novedosos, pero sí un puñado de trabajos que, leídos juntos, obligan a revisar tres certezas cotidianas: que el explante es la única salida ante la disfotopsia negativa persistente, que la corrección de astigmatismos moderados con lente fáquico tiene un ganador claro, y que un evento adverso infrecuente como la endoftalmitis fúngica postquirúrgica no puede volver a sorprendernos. A eso se suma una revisión técnica que reivindica un abordaje de fijación capsular con más de dos décadas de existencia y que sigue generando tanto adeptos como detractores a partes iguales.
En esta oportunidad seleccioné estos cuatro trabajos por las dos siguientes razones: la primera es que están publicados entre mayo y julio de 2026 en revistas de alto impacto o de indexación consolidada permitiéndonos estar ante una lectura actualizada, y el segundo motivo o razón es que su texto completo es de acceso gratuito, de modo que cada lector pueda confrontar mi lectura y análisis u opinión con la propia antes de sacar conclusiones.
Adentrándonos en el primer texto que proviene de Suiza, Lucena, Goldblum y Tandogan describen, el caso de una mujer de 73 años con disfotopsia negativa persistente tras el implante de un LIO EDOF, remitida para explante a un centro universitario tras seis meses de síntomas invalidantes. En la segunda revisión (centro universitario), los autores hallan algo que el examen inicial pasó por alto: una capsulorrexis pequeña e irregular, de apenas 4,5 a 5,0 mm, que solapaba justamente el borde óptico del lente. La sola ampliación quirúrgica y regularización de la rexis —sin tocar el LIO— resolvió por completo la sombra temporal en el seguimiento a un mes.
Más que el desenlace clínico, el verdadero aporte del caso reside en la propuesta terapéutica: tratar la anatomía capsular como una variable modificable antes de resignarse a la cirugía de recambio. Es un caso único, sin cuantificación objetiva de la severidad ni escalas validadas de resultado (reconocido por los propios autores), razón por la cual es conviene resistirse a la tentación de generalizar. Pero aun así, deberíamos aprovechar este texto como llamado a examinar con lupa la rexis en cada paciente insatisfecho con un LIO premium antes de proponerle una segunda cirugía mayor.
Ahora sí, pasemos al segundo texto: ICL tórico versus ICL más incisión relajante: la aberrometría destapa diferencias que la agudeza visual escondía…
Desde Xiamen, Liu et al. compararon dos maneras de resolver un astigmatismo moderado (1,00-1,75 D) en candidatos a lente de cámara posterior: el ICL tórico (TICL) frente al ICL esférico combinado con incisiones relajantes limbares (LRI). Ambas estrategias son familiares para un cirujano refractivo, pero lo que no suele ser tan frecuente es que estas técnicas se hayan enfrentado midiendo algo más fino que la agudeza visual: las aberraciones corneales de alto orden.
Sin adelantar aquí los números (ustedes lectores podrán revisar la fuente para visualizarlos), el estudio retrospectivo en 46 ojos sugiere que la elección entre ambas técnicas no es cosmética ni de preferencia del cirujano, sino que tiene consecuencias ópticas medibles que probablemente correlacionan con la calidad visual subjetiva a mediano plazo. Nuevamente es de destacar que es un diseño retrospectivo con una muestra modesta (30 pacientes – 46 ojos y sólo seguidos a 3 meses), por lo que el peso de la evidencia todavía es limitado; pero en un terreno donde buena parte de la práctica se apoya en la costumbre más que en el dato, cualquier comparación cuantitativa de aberrometría merece un lugar en la mesa de discusión. En un futuro cercano nuevos estudios podrían ampliar la muestra así como el tiempo de seguimiento y el rango de astigmatismo preoperatorio estudiado y tener números que le den otro peso e impacto a esta comparación.
En su conclusión los autores mencionan que tanto la implantación de ICL combinada con LRI como la de TICL logran una buena eficacia en la corrección del astigmatismo moderado. Siendo el grupo TICL el que mostró una mayor estabilidad del astigmatismo postoperatorio. Por otro lado, el grupo LRI mostró reducciones en varios parámetros de aberraciones corneales comparando con el grupo TICL.
Quizá el verdadero aporte del estudio no sea definir un ganador absoluto, sino recordar que la calidad óptica no siempre queda reflejada en una cartilla de agudeza visual.
Pasemos ahora al tercer artículo: Bag-in-the-lens: una técnica de centrado que se niega a envejecer
Ameli y colaboradores, desde Amberes, realizan una revisión sobre la técnica bag-in-the-lens (BIL), que centra el lente intraocular capturando tanto la cápsula anterior como la posterior mediante una doble capsulorrexis. No es una novedad en sentido estricto —la técnica tiene ya varios lustros—, pero la revisión llega en un momento en que el interés por soluciones robustas de centrado y fijación (impulsado por el auge de los LIO premium donde el descentrado es letal para el resultado refractivo) vuelve a poner el foco sobre alternativas menos convencionales al saco capsular tradicional.
El valor de este trabajo a mi entender está en su honestidad: no es una oda acrítica a la técnica, sino un balance de indicaciones, curva de aprendizaje y complicaciones específicas (fundamentalmente relacionadas con la capsulorrexis posterior). Vale la pena leerlo en paralelo con la pregunta que subyace a los dos casos anteriores: ¿cuánto de nuestros fracasos con LIO premium es óptica de diseño y cuánto es, simplemente, una cápsula mal gobernada?
Por último, pero no por eso menos importante les presento el último artículo el cual nos trae un aviso de seguridad que no debería quedar simplemente en la sección de noticias…
El cuarto texto no es una técnica quirúrgica sino una advertencia epidemiológica que todo cirujano de catarata debería conocer. Torikai et al., desde la Universidad de Kyorin (Japón), documentan un brote de endoftalmitis fúngica por Sarocladium kiliense en seis pacientes operados de catarata en dos clínicas ambulatorias, con presentación clínica atípica (hipopión limitado, opacidades vítreas de predominio anterior) que retrasó el diagnóstico. El origen: azul de tripano preparado de manera extemporánea a partir de un reactivo de grado de laboratorio (es decir, no una formulación oftálmica comercial) contaminado ya desde el vial cerrado del fabricante.
Es, en el fondo, un recordatorio incómodo: la innovación no siempre es un nuevo dispositivo; a veces es simplemente preguntarnos de dónde viene cada insumo que entra a nuestra cámara anterior, sobre todo en contextos donde el uso de tinciones o soluciones de preparación no regulada sigue siendo frecuente. Todos los casos se resolvieron con agudeza visual final aceptable tras vitrectomía y antifúngicos, pero dos ojos requirieron reintervención y uno perdió el lente. Una nota importante: a diferencia de los tres artículos anteriores, este se publicó en JAMA Ophthalmology, y el acceso gratuito al texto completo no está garantizado para todos los lectores —revíselo antes de comprometerse a citar como lectura de acceso abierto en su propia comunicación.
Conclusión:
Ninguno de estos cuatro trabajos cambiará por sí solo la práctica clínica el lunes por la mañana. Pero juntos dibujan una tendencia que vale la pena nombrar: el segmento anterior está volviendo la mirada hacia lo que ya teníamos —la rexis, la cápsula, el insumo de cada día— con herramientas de medición más finas y una tolerancia menor a la complicación silenciosa. Tal vez esa sea la enseñanza más importante y valiosa de este trimestre: la innovación no siempre consiste en incorporar una nueva tecnología. A veces comienza cuando volvemos a mirar con mayor atención aquello que creíamos conocer de memoria.
Ahora si, los dejo con los textos completos para que hagan su propia lectura crítica; la mía es solo la invitación a abrir la puerta.

