Apartado CulturalArtículosNoticiero Alaccsa-R

LA MAREA DE LOS TIEMPOS XII

22 febrero, 2024 0 comentarios

La marea de los tiempos XII


Por Omar López Mato
omarlopezmato@gmail.com

La expulsión de los mercaderes del templo • El Greco • c.1600, National Gallery, Londres, Reino Unido

“… como valiente, le honré, pero por ambicioso, lo maté”
Julio César

William Shakespeare
“La traición no triunfa nunca, porque si triunfa nadie la llama traición”, sostenía el político inglés James Harrington.

No hay historia sin traiciones, no hay  política sin deslealtad, ni guerra sin vendidos al  mejor postor pero, como señala Harrington, la traición pierde su carácter avieso cuando el que la comete se cuenta entre los vencedores. Entonces,  su perfidia se convierte en astucia, el acto supuestamente desleal es el ardid meticulosamente urdido para convertirse en la llave de la victoria,  que será ensalzada por los historiadores, cantada por los poetas, plasmada en el lienzo o elevada al  bronce por los artistas.

Con la Reforma, todos los valores exaltados por el Vaticano se pusieron en tela de juicio, aun la traición de Judas Iscariote, que, hasta ese momento, era el paradigma de la deslealtad.

Los luteranos rechazaban el libre albedrío como motivador de la conducta humana y creían en  la predeterminación. Bajo esta perspectiva, Judas se convirtió en un instrumento de la voluntad divina,  un partícipe necesario para que Cristo cumpliese su  misión en la Tierra.

Surgieron, entonces, algunas teorías con las  que pretendían convertir la traición de Judas en un  fallido acto de ayuda del apóstol. Judas trató de salvar a Cristo de los zelotes que no perdonaron ese “dad a Dios lo que es de Dios y dad al César lo que es  del César”. Para este grupo de intransigentes, Jesús no podía ser el Mesías. Los zelotes esperaban a un  caudillo militar y no a un hombre que aceptaba mansamente la dominación romana. Bien sabía Judas que el Sanedrín (una asamblea o consejo de sabios estructurado conformado por 23 jueces en cada ciudad judía) no tenía razones para condenar a Jesús,  por lo que pactó con ellos entregar al Maestro, a fin  de salvarlo de una segura agresión por parte de los  zelotes. Pero Judas no había tomado en cuenta que al expulsar a los mercaderes del templo, Jesús también había irritado a los miembros del Sanedrín, afectando sus intereses económicos. La pintura del Greco que presenta a un Cristo castigando a los mercaderes del templo, se ha convertido en el símbolo por sí mismo contra la venalidad de la Iglesia y los poderosos. En este cuadro se ve el alargamiento de las imágenes propias de las obras de este pintor, que ha generado más de una discusión entre los oftalmólogos. ¿Alargamiento fruto del astigmatismo o deformación manierista? Cada cual podrá esgrimir razones pro y contra..

El mismo Poncio Pilatos, un romano que había matado a cientos de judíos para imponer la Pax  Romana, no encontró razones para condenarlo. Sin  embargo y ante la insistencia del Sanedrín, optó por lavarse las manos. Cristo fue condenado y Judas, abrumado por el fracaso, decidió quitarse la vida.

Deja un comentario